sábado, 19 de enero de 2008

El viejo cumple 92

Podría ilustrar el artículo con la fotografía que los nietos le han hecho al viejo. Pero sería demasiado impactante. Después de su ginebra mañanera y del litro de vino (un reserva de cigales que llaman Museum, excelente) que él solito se trasegó, ataviado con linda camisa de lunares, desabrochada en plan Bambino y anudada a la barriga, más el curioso tocado de una peluca rubia que Lola compró para la fiesta de Año Nuevo, pues ya podrá comprender la concurrencia de este blog, que no es plan de mostrar aquí la imagen del viejo en su nonagésimo segundo cumpleaños. No por nada, sino por que no se entendería bien y pudiera ser que alguno llegase a pensar, el muy malpensante, que el hombre no está en sus cabales. Que por supuesto que no, quiero decir que por supuesto que no está majara, sino que está igual que ha estado siempre... vamos, que si, quiero decir que no... bueno, que cada cual piense lo que le salga de las meninges. El caso es que nos hemos reunido todos en casa y cada cual le ha regalado lo que le ha parecido bien. Casi todos cosas prácticas, menos mi hermano y mi cuñá, que le llevaron el exquisito presente del vino de cigales y servidor que le hizo un
arroz de bogavante.- Hemos utilizado una paella apropiada para quince criaturitas humanas, para que cada cual se haga un cálculo aproximado. Se pican groseros y a continuación se refríen en una lámina de aceite de oliva virgen extra, como es natural, diez dientes de ajo, dos zanahorias de buen porte y un pimiento grande o dos pequeños. Cuando están a medio pochar, se añaden setas, las que se tengan a mano: champiñones, boletos secos e hidratados... pero bastantes, que se noten después en el arroz. A medio saltear las setas eché como veinte decílitros de tomate triturado, sal, pimienta, dos hojas de laurel, azafrán molido con un poco de sal, pimentón de La Vera y unas ramas de perejil picadas. A continuación medio litro de vino blanco, por supuesto del Condado de Huelva, y dejé todo que se hiciera a buen fuego. En el ínterin tomé tres bogavantes de estos que venden criados o cultivados en viveros y tras colocarlos boca arriba les clavé el cuchillo en mitad de la cabeza, notando que ninguno de los tres se quejaba, por lo menos no dijeron esta boca es mía, aunque sí que es cierto que les debió doler, ya que mientras partía la cabeza en dos, el cuerpo en tres trozos siguiendo las articulaciones del caparazón y les arrancaba las pinzas, no dejaron de moverse un momento. Incluso descuartizaditos como estaban los animalitos del Señor, siguieron moviendo sus patitas incluso cuando los eché en la paella, una vez que el vino casi se había evaporado del todo y el refrito estaba perfectamente hecho. Salteados allí los bogavantes, les añadí un choquito bien limpio y troceado. A los tres minutos, y tras mover al personal de aquí para allá por la paella, eché un kilo de arroz bomba, meneando todo para que el arroz se pringara bien de las grasas del refrito y a continuación dos o tres jarras de agua, no me acuerdo bien. Pero en fin, para que quede más bien sequito y con su socarrat, la proporción ya saben que es de dos tazas y media por cada una de arroz, aunque servidor siempre lo hace a ojo, y a pesar de que soy ultramiope, siempre me sale bien. Cuando llevaba el arroz unos diez minutos haciéndose, introduje levemente en él un cuarto de kilo de langostinos no muy grandes, y cinco minutos después, unas almejas de carril para que se abrieran al mismo tiempo que el arroz terminaba de estar en su punto. Luego, como saben, se apaga el fuego, se tapa con papel de aluminio y se sirve justo a los dos minutos y medio, o a los tres, o a los cuatro, qué más dará, si la cosa es estar a gusto y que el arroz esté sabroso, suelto y delicioso. Pues eso, que nos lo comimos y nos dieron las tantas en la terraza con la tarta y todas esas historias.
Nota explicativa: en la tarta le pusimos una sola vela, porque noventa y dos son un abuso. La apagó a la primera, pero no pidió ningún deseo, estaba más ocupado de cantar, reír y pasárselo bien que de otra cosa.

2 comentarios:

Femaru dijo...

Felicita al viejo con un abrazo de mi parte.
Ojalá lleguemos a esa edad con el mismo espíritu y buen humor que don Manuel.

Saludos.

Bernardo Romero dijo...

Lo hago, a pesar de que eso me costará que me cuente, por enésima vez, quién era tu padre,y tu abuelo, y ya se pondrá a hablar de Calañas y no parará... pero le felicitaré de tu parte. Un abrazo y no te dejes arrastrar por convencionalismos de ningún tipo. Nosotros llegaremos a los ciento y pico, muchos, años. Si puede ser con todo en su sitio y en perfecto estado de revista, incluso la cabeza... bueno, eso será pedir demasiado, pero en fin, que llegar, lo que es llegar, llegaremos. Agur.