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sábado, 19 de noviembre de 2016

¿Harto de hacer siempre la misma ensalada?


Pues aquí tienes una ensalada de invierno la mar de fácil.

Ensalada de lombarda y manzanas
ingredietnes:

  • lechuga iceberg
  • col lombarda
  • manzana
  • nueces
  • queso de cabra
  • mandarinas
  • miel
  • aceite
  • pimienta
  • sal


elaboración:
Picar en juliana un cuarto de lechuga iceberg y un trozo de col lombarda. Mezclar y poner en el centro de la ensaladera. Pelar dos nueces y ponerlas por encima, así como un poco de queso de cabra semicurado. Adornar la ensalada con gajos de manzana y hacer una vinagreta con aceite, zumo de mandarinas, pimienta, sal y cuando esté ligada añadir un poco de miel. Se vuelve a ligar hasta que esté la mezcla homogénea y ya está. Se echa un poco de la mezcla por encima de la ensalada y el resto se pone en un bol pequeño por si alguien quiere más.

sábado, 25 de enero de 2014

Las cosas del árbitro

En realidad fue el colegiado señor Núñez Ramos, del colegio murciano, quien me puso sobre la pista de estas acelgas con nueces. Yo intentaba comentarle algunos aspectos de la musivaria bizantina, relativos al tomo de las teselas y la necesidad de utilizar ciertos aglutinantes en la lechada que sostiene tan maravillosas imágenes en tantas iglesias del norte de Italia como hemos podido admirar juntos, pero Núñez Ramos no estaba demasiado por la labor, de modo que obviando este aspecto vital para entender las técnicas que permitieron ejecutar esos exornos e incluso pasando olímpicamente de mi deseo de comentarle también el proceso de trepanación en los capiteles que incide en la concepción aérea de los cimacios, dando a las columnas esa sensación de fragilidad que ayuda a concebir el espacio interior de los templos como algo etéreo, absolutamente opuesto a la rotundidad del volumen que ofrecen desde el exterior. Pero Núñez Ramos, que nada, que le importaba un pimiento, vamos. De modo que insistía en los garbanzos con espinacas que se había vendimiado aquella misma mañana, con garbanzos y su majaíto de cominos, por lo que como ustedes comprenderán eso no se me ha podido ir de la cabeza. Es por ello que esta mañana, y trocando las espinacas por acelgas, además de evitando la incorporación del frugal Cicer arietitnum, he majado unos cominos con muy poca sal, puesto a hervir las acelgas, en realidad casi brotes de acelgas, y partido unas cuantas nueces. Con esto, tres dientes de ajo y un poco de pimentón he hecho estas acelgas con nueces que ustedes podrán hacer con espinacas si lo prefieren, pero que en todo caso y como diría Palacios, están como nunca... y a continuación seguirá con lo del coñac que mejor sabe, fundador, está como nunca, y ya lo tienes toda la tarde con la cancioncilla de los huevos. Que por cierto, si lo desean como plato principal le pueden cascar un huevo o freírlo y ponerlo al lado de las acelgas. Pero solas están soberbias, de verdad.
La receta: Refreír los tres dientes de ajo laminados en buen aceite de oliva virgen extra, incorporar las acelgas cocidas levemente y escurridas, las nueces troceadas y el majado de sal y cominos. Dar tres o cuatro vueltas y apartar del fuego, incorporar un poco de pimentón, dar unas vueltas y llevar de nuevo la sartén al fuego para terminar de remover y saltear la verdura.

sábado, 16 de noviembre de 2013

La globalización de andar por casa


Es fantástico. No llueve ni equivocao y los pinares de Cartaya que aviaban antes nuestra despensa, tan feraces en temporada de nízcalos, están más secos que el ojo Maillo, pero podemos rapiñarnos tan ricamente unos nízcalos de la Sierra de Aracena con nueces de la Sierra, también de Aracena, cocinados con aceite de Trigueros y vino del Condado, tan sólo con pasarnos por el mercado del Carmen. La globalización, que también en Huelva tenemos nuestra globalización, chiquenina, pero globalización al fin y al cabo. Y la globalización, qué quieren que les diga, tiene estas cosas.
En la Huelva global y colombina nos comimos un plato absolutamente delicioso, riquísimo os lo juro, estos nízcalos, pinateles, rebullones, o como quiera que en su pueblo de usted, amable lector, llamen a estos anaranjados hongos del género lactarius, al deliciosus, más común, y al sanguifluus, más infrecuente pero más sabroso, sin contar con un tipo de L. deliciosus que parasitado por otro hongo de cuyo nombre no me puedo acordar, toma un aspecto blancuzco, una dureza excepcional, y un sabor inconmensurable. De estos he podido recolectar bastantes cuando era andarín de campos y no de plazas de abastos como ahora. El caso es que todo el mundo, al pensar que están malos, los tiran o simplemente los dejan en el suelo que es su morada. Pero vamos a lo que vamos, que ya sé que a los internautas no os gusta perder el tiempo y queréis textos breves e ir al grano, o como en este caso, al
Nízcalo con nueces al aroma del Condado.- Limpiamos de tierra unos nízcalos (ayer en la plaza de abastos estaban entre ocho y diez euros el kilo, según puesto y calidad) los troceamos y ponemos a fuego medio en una cazuela donde se andaban friendo unos ajos pelados y cortados a lo largo y a la mitad. Los ajos deberán estar a punto de ponerse dorados cuando echemos los nízcalos. Y ya prácticamente hemos terminado. Tantos prolegómenos para tan poca receta, dirán ustedes, y tienen razón. Bueno, añadimos sal y pimienta, pero no demasiada sal, pues no la necesitan, y se dejan saltear un poco para añadir un puñadito de nueces (peladas, no sean burros). Se da una sola vuelta y se echa un chorreón generoso de vino blanco seco del Condado de Huelva, aunque si viven ustedes en otra parte de la globalización, sea Nueva Zelanda, las Azores o el Polo Norte, pues bino blanco seco del que ustedes quieran, espumoso o sin espumar, de aguja de hacer croché o de hilvanar. Vino blanco, cojones. Bueno, pues sacad ya los nízcalos con nueces pues el vino se nos ha evaporado ya y es el momento de sacar la setas de la cazuela y pasarlas al plato, pues deben estar al dente y no blanduchas, que es como suelen ponerlas en todos lados vaya usted a saber por qué. Un poquito de perejil picado por encima alegra el plato, pero a mí me gusta más con esa gama de colores que veis supra. Ea, condieu.

martes, 15 de febrero de 2011

Los brownies del americano

La primera vez que probé un brownie creo recordar que fue en la Sevilla de principios de los setenta. Había un local en la Avenida Asunción, cerca de dónde yo vivía, que (decían) lo había montado un americano de la base de Rota, o algo así. No lo sé con exactitud, porque son muchos los años y difusos los recuerdos. El local se llamaba Sloppy Joe's y todavía existe, multiplicado además. El invento, funcionó por lo que se ve. Ahora es toda una franquicia que se dedica a repartir pizzas, que son como tortas. Vamos a ver, no es que repartan tortas, que a lo mejor también, sino que las pizzas son como las tortas de pascua cartayeras, pero saladas. En realidad, las tortas de pascua y las vecinas cocas de Isla, con parientas de la coca mallorquina, que a su vez es tía abuela de la pizza italiana. Ya nos vamos enterando. Las pizzas italianas emigraron a los EE.UU. con los italianos del sur fundamentalmente, que se fueron para allá por millones (no es exageración) a finales del XIX y principios del XX. Allí, un alimento tan divertido como completo, hizo furor, como en la costa oeste lo estaba haciendo la comida rápìda, dulzona y agradable, barata también, que los chinos le hacían a la tropa proletaria del ferrocarril. De allí, y no de Cantón, se fue a difundir una comida china que no es comida china exactamente, sino una versión rápida y barata de una de las modernas maravillas del planeta. Recuerdo que Vázquez Montalbán decía al respecto que la cocina occidental era un tabique de adobe y la comida china, la de verdad, era la mismísima muralla china. Pero en fin, sigamos. En Sevilla y en la calle Asunción se abrió un local en el que probé por primera vez una especie de madalena de chocolate que servían con chocolate caliente en su interior. Eran los brownies, un postre americano facilón y resultón, asequible como todo lo que estos modernos fenicios han repartido por sus colonias, que somos todos. El caso es que el otro día me disponía a hacer una tarta de chocolate con canela, pimienta y chile, cuando aquí la parienta me paró en seco: "déjate de tonterías y hazme unos brownies". Coño, dicho y hecho, recordé los brownies del Sloopy Joe's, los buenos tiempos sevillanos y empecé a contarle a Lola cómo era la Sevilla de hace cuarenta años, muchos años antes de que ella naciera. Los brownies me salieron bien, pero hablando y cocinando me di cuenta de que tengo más años que el palmar de Niebla. En fin, aquí os dejo los brownies, que los serví sobre una salsa de chocolate caliente (también os dejo la receta) y un poquito de yogur griego tuneado con colorines de azúcar.
Brownies de chocolate.- Se toman cien gramos de azúcar normal y corriente y se baten con cuatro huevos hasta obtener una crema. A esta mezcla le añadimos cien gramos de harina y se vuelve a batir todo hasta obtener una crema homogénea. Por otro lado, o lao, se derriten en el microondas (con una mijita de agua, casi nada) cientoveinticinco (premio) gramos de chocolate fondant y se mezclan con otros cientoveinticinco (premio otra vez) gramos de mantequilla. Esta nueva mezcla se incorpora a la anterior y entonces se añade un puñao de nueces peladas, como diez o doce nueces más o menos, creo recordar que le puse yo. Ea, pues ya está. Al molde o moldes mejor dicho y al horno, a 190ºC hasta que veáis que están hechos los brownies con la historia de siempre, la aguja de hacer punto que se mete y si sale limpia tal y tal. Yo, simplemente, cuando huelen es que ya están hechos y a tomar por culo (perdón).
Salsa de chocolate.- Se derrite chocolate fondant con un poco de agua y cuando está derretío se le añade una cucharada de miel más azúcar a gusto de cada cual. Se incorpora todo meneando con las varillas y a fuego moderado. Se sirve caliente por encima o abajo del brownie, pero también se puede hacer antes y calentarla en el microondas a la hora de utilizarla.

domingo, 25 de octubre de 2009

Merienda con diamantes


El sábado juega el Recre, pero no lo televisan por ningún lado, así que mientras los chavales sufren en Murcia para marcar un gol casi al final del partido (Iago Bouzón, un defensa, en el minuto 85), servidor se hace una merendola a la que invita a unos amigos que de fútbol no tienen ni idea, ni falta que les hace. De este modo evito pensar en el Recre y sobre todo, escucharlo por la radio, lo cual me pone de los nervios y tengo la tensión altita ya de por sí como para que me la eleven más de la cuenta.
Así que cojo el teléfono y llamo a Pilar Barroso, la pintora, que ha quedado con unas amigas para ir al cine, pero a las ocho; a Julia Marquínez, una de las personas que más sabe de cine de todas cuantas conozco, y he estado treinta años trabajando en festivales de cine, pero Julia está comiendo con unos amigos y no podrá llegar hasta eso de las cinco y media; y a Juan Cobos Wilkins, el escritor que acaba de presentar "Biografía impura" (Fundación José Manuel Lara, colección Vandaria. Sevilla, 2009) que realmente yo no lo había llamado, sino que me llamó él a mí por la mañana para que tomáramos café juntos y de ahí partió la idea.
Pues ya estaba toda la pandilla completa, los diamantes, faltaba pues la merendola. Aunque luego apareció Maribel Canales para pedirme un limón y por supuesto que la invitamos a que se quedara con nosotros, debajo del limonero, a tomar té con hierbabuena y limón más unos muffins que acababa aquí el menda de hacer con chocolate y nueces de la Sierra de Aracena que compré en la feria de Gibraleón.
Julia y Pilar se llevaron la receta, a Juan lo veo más a menudo, y la Canales vive enfrente, así que al igual que Juan tiene fácil acceso a mis muffins y a todo lo que ella quiera, faltaría más.
Pero para vosotros, que no os tengo cerca más que a través de esta traviesa red de redes, ahí va la
receta de Muffins de chocolate y nueces.- Saco de la nevera ciento veinte gramos de mantequilla, y cómo está dura como un cuerno, como es natural, pues la meto en el microwaves a temperatura moderada para dejarla a punto de pomada. En un cuenco grande pongo 200 gramos de azúcar y le añado la mantequilla a punto de pomada, cojo las varillas de metal y a batir hasta que se blanquee la mezcla, quiere decirse hasta que cambia de color y la mantequilla, como por arte de birlibirloque, pero en realidad por arte del musculámen que tiene aquí el tío y a fuerza de batir, se queda más blanquita.
Pues esto es lo más complicado, por lo del esfuerzo físico e intelectual que requiere, lo que viene ahora seguido es más fácil y además rapidito.
Se añaden 200 gramos de nata líquida, 3 huevos con su yema y todo, más un cuarto de kilo de harina de repostería y un sobrecito de levadura Royal, que es la que yo uso, o la que usen vuesas mercedes, como es natural. A batir, pero antes poned 200 gramos de chocolate fondant en el microondas con un poquito de agua, pues si no se endurece enseguida y no hay quién trabaje con él, o si os es más cómodo, pues se pone en un cacito a derretir el chocolate y ya está. El caso es que vamos trabajando con las varillas o con una pala de madera todo lo que tenemos en el cuenco, la mantequilla con el azúcar ya blanqueada, la harina con la levadura, los huevos y la nata. Cuando está todo bien mezclado y homogéneo, añadimos el chocolate ya derretido, se bate para integrar el chocolate, como es natural, y se acabó.
Tomamos moldes de papel de aluminio, del tamaño del que se observa en la fotografía superior (perdón, ya sé que debería haber barrido el banquito, pero es que no me he dado cuenta; me he dado cuenta cuando he visto la foto. Por cierto, ahora cuando termine os cuento lo de la escalera). Llenamos los moldes de aluminio hasta la mitad más o menos, porque los muffins suben al hornearlos. Ponemos unas nueces por encima, levemente hundidas en la masa, y todos al horno, a 180º y creo que unos veinte minutos más o menos, pero vosotros pinchad con una aguja y esperad a que ésta salga limpia como una patena, sin grasa alguna adherida a ella, y entonces es que ya están. Se sacan del horno, porque comerlos dentro del horno es bastante incómodo, y se espera a que se enfríen estas deliciosas madalenas que los ingleses llaman muffins y nosotros máfin o madalenas de chocolate con nueces.
Lo de la escalera: Estaba yo loco buscando una escalera que se me había perdido. Venga a dar vueltas por la azotea, por el cuartillo lavadero, por el piso de arriba, por el piso de abajo, por la leche que le dieron a la escalera incluso. Y nada. Total, que me tuve que subir a una silla para cambiar una bombilla, que era para lo que servidor quería la escalera, no para acostarme con ella, que todavía sigo siendo bastante normalito en cuanto a gustos y referencias sexuales. Pues bien, ya había dado por perdida la escalera cuando a los tres o cuatro días, vienen a casa a comer el Michael Lemon, el Juanjo y don José Martín, como ya creo que os he contado por aquí en algún sitio... Ah, sí, hombre, en la entrada de las perdices con alubias, que fue lo que comimos ese día. Bueno, pues cuando terminamos de comer el Juanjo se levanta y nos hace una foto con el móvil a los tres. Hace la foto y nos la enseña, como se suele hacer en estos tiempos tan tecnológicamente aburridos, sin tiempo ni espacio para la sorpresa ni para la ilusión. Michael Lemon, o Miguelinho Lemào, como lo prefieran ustedes, oberva la foto; a continuación la admira don José Martín, y ambos dos comentan lo que se comenta en estos casos: "je, je, que buena, mu güena, sí señor"... Y me la pasan. Cojo el móvil y cuando veo la instantánea, como el nesquik, mira por donde, pego un respingo: "¡¡Coño, LA ESCALERA!!" Allí estaba la hija de la gran puta, en la fotografía, detrás de mí y más concretamente entre don José y servidor, a nuestras espaldas, apoyada contra el seto que ya no está porque lo he quitado. Así que encontré la escalera por fin, disimulada como estaba entre el macetón de un ficus y una costilla de Adán que como siga creciendo el vecino de al lado va a tener que mudarse al Huerto Paco. Cualquier día de estos la tendré que cortar, al menos la parte que sube hasta el techo del garaje del vecino, no vaya a ser que le hunda el techo y le tenga que comprar un coche nuevo. De momento he dejado la escalera allí, así me acuerdo que tengo que coger la radial y meterle mano al tronco que trepa por la pared hasta encalomarse al susodicho techo. Una peoná, qué quieren que les diga. Eso es lo que me queda, que ya escalera, lo que es escalera, vuelvo a tener. Je.

martes, 17 de marzo de 2009

90 días de penitencia (43)

Desayuno:
· Café cortao
· Tostada con aceite de oliva virgen extra de Gibraleón

No me da tiempo a desayunar en casa. Lo hago en el Instituto y allí no hay pan integral, y mucho menos nopán. Así que tostada de pan de pueblo con aceite.

Almuerzo:
· Ensalada simple
· Conejo al romero
· Dos tintos
· Tarta de chocolate

La ensalada es de brotes tiernos, un poco de cebolla, pimiento, alcaparras y pepinillos en vinagre. Por encima unos tomatitos sherry partidos a la mitad. Sal, vinagre y ya está. Nada de aceite. Servirá para acompañar al conejo.
El conejo, bien limpio y troceado, lo he puesto a dorar en una cazuela amplia con una laminita de aceite de oliva, virgen extra, claro está. Cuando está doradito le añado vino fino del Condado y espero a que casi esté evaporado. Entonces añado romero, tomillo y orégano, más sal y pimienta. Vuelvo a poner un poquito más de romero y le doy unas vueltas al conejo, pero no por el campo, sino por la cazuela. Añado medio vasito de agua y a esperar a que se termine de hacer el conejo y quede una salsita para echar por encima luego a los trozos de conejo que cada cual se sirva. Para el resto del personal, patatas fritas, para mí, nada de nada, que quiero estar hecho una monada.
Como me he portado bien, un poquito de tarta de manzana, pero sin pasarse.

Merienda:
· Té con una nube de leche
Ya saben, té, ordenador y musiqueli. Hoy, Frank Zappa: “Get me, your dirty love…”

Cena:
· Ensalada con nueces y queso azul
· Pollo al curry
· Agua
· Manzana

Utilizo esas ensaladas de brotes tiernos que vienen en bolsa. Le añado unas nueces de la Sierra de Huelva, que no tienen nada que ver con esas que llaman California, pero nada que ver. Corto un poco de queso azul en cubitos pequeños y le pongo un poco de sal y vinagre. Ya está.
Para el pollo al curry, utilizo una cebolla rallada (porque si no, mi novia no se lo come, que le da grima encontrarse con trocitos de cebolla) que pongo a refreír y cuando está transparente le añado medio bote de nata líquida, es decir, 100 ml. No es mucho y es compatible con la dieta. Ocurre como con el queso azul, que es poco el que va en la ensalada. Pues bien, se le da un calentón a la nata con la cebolla y se añade el curry y el pollo, que previamente habremos dorado y sacado de la sartén en la que estamos cocinando y a la que ha vuelto el pollo. Esperamos a que el pollo esté tierno y se sirve con arroz basmati cocido solo con sal.