lunes, 3 de marzo de 2008

El recuerdo inglés

Dejaron muchas cosas en la Cuenca Minera y en la capital, en Huelva y en Corrales, donde estaban los puertos desde los que la colonia británica exportaba el mineral hacia la metrópoli. Aquí, en las colonias, nos quedó el empuje que dieron a la sanidad, la educación, los transportes... todo desde un punto de vista colonial, obviamente, pero no se deberá olvidar que donde estaban los ingleses había prosperidad, mano de obra y salarios más que dignos. Vean si no el aumento tan espectacular de la población en Ríotinto, o la procedencia de quienes allí fueron a trabajar para entender lo que supuso el auge minero en Huelva durante el final del XIX y hasta bien entrado el XX.
En lo que a nosotros respecta, dejaron algunos dulces y pastas, los escones por ejemplo, y esta mermelada inglesa que acabo de hacer, y que sigo haciendo, después de que Lola me trajera veinte kilos de naranja amarga recién cortada en Los Mimbrales y destinada a la exportación. Con estas magníficas naranjas, excepcionales de aspecto y en mejor punto, estoy haciendo
Mermelada de naranja amarga al gusto inglés.- Para un kilo de azúcar, se tomarán sies naranjas amargas, una dulce grande y un limón. Por un lado se extrae la pulpa de todas las naranjas, dulces y amargas, y del limón. Se estripan con las manos y se dejan 24 horas en contacto con sus huesos o pepitas. Se picará en tiras finas la cáscara de tres o cuatro naranjas amargas y se dejará igualmente, cubiertas de agua, 24 horas en reposo.
Al día siguiente se ponen en la olla las tiras de cáscara junto al agua en que estuvieron en remojo, más la pulpa convenientemente colada por el colador chino o por un tamiz donde podamos extraer todo el jugo y dejar la pulpa lo más seca posible, la cual se despreciará. Ya sólo queda poner todo al fuego y añadir un kilo de azúcar. Cuando salga la cuchara de madera con la que movemos la mermelada, goteando lentamente, y el color se haya oscurecido, se apaga el fuego y, yo al menos, aprovecho para meterla en los botes, que estarán bien limpios y esterilizados. Se cierran con la mermelada caliente, para que el propio calor haga el vacío al enfriarse.

3 comentarios:

Moises dijo...

Esa es una mermelada y lo demás, tonterías.
Gracias por el tarro y por las veladas culinarias.

"La mitad de la belleza depende del paisaje, la otra mitad, de quien sabe mirarlo" (El Mar Invisble)

En tus manos, el cocinar, es un arte.
Un abrazo, Moi.

Zapateiro dijo...

De los Mimbrales también traía mi madre naranjas.

Un saludo Bernardo.

Bernardo Romero dijo...

Gracias Moi, saludos a tí y a zapateiro, que tiene la suerte de conocer las extraordinarias naranjas amargas del Cortijo de los Mimbrales. Bueno, el Moi también las conoce, pués está disfrutando de la mermelada que he hecho este año, unos diez o doce kilos. Buenísima la cita de nuestro común y querido amigo Juan Cobos Wilkins. Tengo que decirte que fui a lo de Guevara, pero en la inauguración tomó la palabra el Díaz Trillo y nada más decir "Hola a todos y a todas", sentí un inmediato y lógico de salir de allí corriendo. Ya volveré a ver los cuadros e incluso escribiré algo en el periódico. Bueno, saludos y abrazos, virtuales pero sinceros, eso sí, a ambos dos.