sábado, 2 de junio de 2012

El tiempo necesario

Un día alguien tuvo la ocurrencia de decir que el tiempo justo para cocer las gambas era un minuto, y eso pasó, vaya usted a saber por qué razón, al imaginario popular. Pongan ustedes agua a hervir y cuando hierva a borbotones, eche las gambas, espera un minuto y verá el resultado: las gambas están crudas. Si les gustan crudas, entonces me callo, pero si quieren gambas bien cocidas, pongan agua abundante a hervir, cuando empiece la ebullición, añada sal sin cortarse un pelo (en el caso de que las gambas sean frescas: las de la fotografía son refrigeradas, no congeladas, pero tampoco frescas, que son muy caras y la diferencia tampoco es tanta) y espere a que vuelva a bullir el agua con fuerza. Entonces eche las gambas, pero no demasiadas (para una olla express de las grandes, medio kilo como mucho y si la olla está llena hasta tres cuartos de su capacidad) y espere a que suban a la superficie. Entonces, y sólo entonces, espere un minuto y sáquelas, refrescándolas inmediatamente en agua muy fría (con hielo) para que se corte definitivamente la cocción, que seguirá en el marisco aunque lo haya sacado del agua hirviendo. Verán como así les salen estupendas.

5 comentarios:

X dijo...

Creo que la primera vez que leí sobre gambas hervidas fue a Santi Santamaría en el Magazine que regalaban con algunos periódicos, hará 10 años tranquilamente. Es que por aquí se estilan a la plancha o al ajillo, pare usted de contar. ¿Ganan?

Bernardo Romero dijo...

Cuando son de calibre apropiado, van bien a la plancha. Es curioso, pero son dos mundos distintos. Nunca lo había pensado. Un abrazo don X, me alegro de volver a leerle. Acabo de viajar por su nave y, como siempre, estupenda.

X dijo...

Muchas gracias, buen hombre. Halagos siempre son bienvenidos, pero de según quiénes, más todavía.

Rosa dijo...

Que razón tienes, cuando floten y solo cuando floten, se ven ricas de vicio. Besitos

Bernardo Romero dijo...

Hola Rosa, ya ves que los supervivientes de vez en cuando nos merecemos algunos lujos. En realidad no estaban demasiado caras. Con las que sobraron de la cena hice ensaladilla de gambas: patatas cocidas que queden enteras, mahonesa de bote aligerada con un poco del caldo de la cocción de las gambas (que guardé para algún arrocito de andar por casa) y las gambas peladas. Supongo que conocerás esta ensaladilla, muy común al menos por Huelva: la de Las Tinajas era mítica. Besos