Se echa de menos la cuchara en verano. Como no sea para endiñarle un tiento al gazpacho o al salmorejo, a la porra o al ajoblanco, la cuchara está de adorno en un tiempo de vacación y calores más propicios para la friturilla de pescado, el marisquito y la sardina sobre la parrilla de la barbacoa. Pero esta mañana he comprao un choco (Sepia sepia) de considerables proporciones, de kilo y medio quiere decirse, así que los rejos los corté para fritura y los reservé junto a unos boquerones que limpié, quité espinas y puse a macerar con sal y limón para después empanarlos. Con el resto del choco, hice un plato que se me apetecía enormemente, unos chocos con habas, el que pasa por ser el plato típico de Huelva y que no es más que una aportación levantisca (del levante almeriense, debido a las nutridas migraciones de principios del siglo XX a estas por entonces casi despobladas costas) a la cocina de este rico rincón peninsular.
En todo caso y desde los años sesenta aproximadamente, los chocos con habas empiezan a ser considerados plato nacional huelvano, sobre todo a raíz de que Camilo José Cela lo incluyera en su Segundo Viaje Andaluz, en uno de esos relatos impagables de su primera época, de sus escritos más juveniles, frescos y encantadores.
De todas las maneras de hacer chocos con habas, que en Huelva son varias, os ofrezco esta que a continuación relato, y que he elaborado, la verdad sea dicha, con habas congeladas, pues no es tiempo ya de habas, y menos de habas pequeñitas como estas que llaman baby: Oh baby baby it's a wild world, it's hard to get by just upon a smile oh baby baby it's a wild world, and i'll always remember you like a child, girl. Os acordais. Jo, qué bueno el Cat Stevens. En fin, os coloco el video de la copla de marras, que es el Wild World, después de la receta de los
Chocos con habas.- Se hará un refrito de cebolla, ajos, pimiento y zanahoria, para luego marear ahí los chocos ya cortados y limpios, como es natural. A continuaçao se añade sal, pimienta y una pizca de cominos, molidos con un poco de sal, y azafrán, se vuelve a dar unas vueltas a todo y se añade medio vasito de vino blanco del Condado. Se espera a que el vino casi desaparezca y se añaden las habas, ya descongeladas, y se cubren de agua. Bajar el fuego y esperar a que las habas estén en su punto y el líquido prácticamente desaparezca. C'est fini. Y ahora la copla prometía.