sábado, 26 de enero de 2013

Un día es un día

Después del hartazgo navideño, mucha lechuguita y mucha berza, pero ya pasado el tiempo y con la tensión más o menos en su sitio, me he permitido un pequeño lujo: rabo de cerdo con alubias blancas.
Lo primero que hay que hacer es poner las alubias en remojo al menos seis horas, pero si las dejamos desde la noche anterior, pues mejor.
Se ponen en una olla a presión media cebolla y un hueso de jamón junto a tres rabos de cerdo troceados. Se cubre todo con un vasito de vino blanco y el resto de agua, añadiendo entonces pimienta negra en grano, un clavo de olor, sal y una hoja de laurel. A esto se le dan tres cuartitos de hora y hacedme caso, tres cuartos de hora que la cosa es que el rabo desengrase bien y quede tierno para poder meterle mano luego sin problema alguno.
Una vez hechos y enfríados los rabos, se sacan con cuidado y se ponen de nuevo en una olla capaz de contener también las alubias, un pimiento rojo, de los de asar, picado y el hueso de jamón pero ya sin hueso, que por mucho que hayais aprovechado el jamón, siempre algo queda pegado al hueso. Aparte refreímos la otra media cebolla picadita y cuando esté blanda pero antes de que tome color, la sacamos del fuego y le añadimos un poco de pimentón dulce. Se dan unas vueltas y todo a la olla junto a las alubias y todo el lío que teníamos allí más una cabeza de ajos. Se pone un poco de colorante alimentario o azafrán si sois pudientes y derrochones como los políticos, y a cubrir todo con agua y un poco del caldo (colado) que nos quedó de la cocción de los rabos. Ea, pues ya está, ahora a cocer todo junto media hora más o menos si es en la olla a presión, aunque hacerlas a fuego lento es mucho mejor pues generan una salsa que es como una crema que luego no podréis resistir. También es posible meter aquí una patata troceada, pero eso ya os lo dejo a vuestro entender.
Se sirve con una guindilla y una ensalada de lechuga sin nada, es decir, las hojas lavaditas y ya está. No me preguntéis por qué... ya me lo agradeceréis. Salud.

4 comentarios:

No cogé ventaja, ¡miarma! dijo...

Joé maestro, que envidia me das. A mi no me dejan comer esas delicatesen por mucho que las reclame.
Quitándole la guindilla, por aquello del sieso, y con un par de buenas copas de tinto y un bollo no me gana a rico ni el Amancio Ortega.
Un abrazo

Bernardo Romero dijo...

Don Rafaé, no se puede usted imaginar lo que me alegro de leerle por aquí. Pues eso, que un día es un día, pero tampoco hay que pasarse demasiado. En todo caso, si cocemos aparte los rabos, pues ya no va tanta grasa. Las alubias, de diez. La guindilla abre el piloro, que decía un colega mío. Y la lechuga, no veas lo que alivia eso del tragar. Un abrazo y hasta pronto.

Rosa dijo...

Pues para mi un plato bien hondo, por favor, tal cual está, un dia es un dia, es verdad, que cosa más rica. Besos

X dijo...

Yo me apunto, me cagoentó, lo que diera yo por un plato de alubias ya mismo (y son las nueve de la mañana).