domingo, 16 de enero de 2011

Pescaíto al horno




Esto es un robalo (lubina o róbalo, según el lugar) pescado en la mar el día antes. Lo dejé en la nevera un día para que al cocinarlo no se deshaciera y para que tuviera más sabor, porque recién pescados resultan sosos todos los pescados blancos y finos como este robalito que pesó casi dos kilos.
Las huevas, que se pueden apreciar en su interior, las cocí con un poco de sal y unas gotas de vinagre. Estaban realmente deliciosas, creo que son las más ricas de todas. El pescao lo metí en el horno tal cual, sin historias de ningún tipo. Pero por la mañana tempranito metí en un vaso dos dientes de ajo laminados, y tres guindillas pequeñas, de esas pimientas de Cayena, cortadas a la mitad y sin simientes. Lo cubrí de aceite virgen extra de oliva picual, de la Cooperativa de Trigueros, Oleocampiña, y al mediodía, metí el robalo en el horno, abierto y sin espinas (utilicé unas pinzas para quitar las de la ventresca), y al poco tiempo le di la vuelta. Luego dejé que se hiciera lo justo, vigilando para que no se seque el pescado, para que se haga en su punto justo, con el horno a 190ºC es suficiente unos veinte minutos. Serví los lomos limpios de espinas y regados con el aceite aromatizado de ajo y con el leve pellizquito, apenas perceptible, de guindilla en el paladar.

1 comentario:

María dijo...

hOLAAAAAAAAAAAA BERNARDO.. FELIZ 2011!!
oye, ese pescao debió de estar de muerte, no?
graciassssssssssssssssss!
besos