martes, 14 de abril de 2026

Una exquisitez para muy pocos. Cabezas de cordero al horno


Los más aprensivos será mejor que cerréis esta página. Las cabezas de cordero son una auténtica exquisitez, pero para muy pocos. Hay que saber cocinarlas, pero también saberlas comer, con las manos por supuesto. Os voy a proponer una elaboración que he ideado y que ha salido muy bien, al decir de los invitados. Así que dejémonos de historias, y vamos a ello.

Cabeza de cordero al horno

ingredientes: 

cabeza de cordero, ajo, perejil, guindilla, ras al hanut o la mezcla de especias que más os guste, pimienta y sal

elaboración:

1.- Limpieza y desangrado. Las cabezas nos llegan del matadero muy limpias, gracias a las estrictas normativas agroalimentarias que se han ido aprobando en los últimos años, con lo cual solo es menester darle un repaso bajo el grifo del agua fría, y a continuación introducirlas en un barreño con agua helada durante tres cuartos de hora más o menos, con objeto de desangrarlas.                    

                                                 

2.- Al horno. Precalentamos el horno a 200ºC y cubrimos con papel de aluminio el fondo de la bandeja. Introducimos las cabezas una vez salpimentadas, con la parte de los sesos para abajo, con objeto de que estos no se hagan demasiado, ya que en este paso van a estar en el horno unos cuarenta minutos.


3.- Aliño. Sacamos del horno las cabezas y las pintamos con una mezcla de ajo, perejil, guindilla y ras al hanut o la mezcla de especias que queráis. Simplemente se ponen en el vaso de la batidora aceite, como dos dedos o dos y medio, sal, tres dientes de ajo, perejil, un par de pimientas de cayena o la guindilla que más coraje os dé, y las especias. Se bate y con la mezcla obtenida pintamos las cabezas.


4.- Terminamos de hornear. De nuevo al horno, pero ahora a 180ºC y con veinte minutos será suficiente. Los sesos irán en su sitio y para abajo por la misma razón de antes, porque necesitan menos cocción.

5.- Acompañamiento. Servimos con tabulé al lado y comemos con cuchillo y tenedor, pero la parte de las carnes preferentemente con las manos. Seguro que vais a dejar los huesos mondos y lirondos.


sábado, 4 de abril de 2026

Enzapatar las habas

Aunque la cerveza tiene muchos adeptos en estos climas templados que cada vez más van pareciendo tropicales, el vino blanco del Condado es el acompañamiento perfecto para las habas enzapatás

Un plato que es prácticamente exclusivo de la provincia de Huelva y que aún llamándose en algunos lugares habas con poleo, o poleo de habas, en la mayoría de localidades onubenses se conocen como habas enzapatás. Lo del nombre no está claro, aunque normalmente se acepta que para comerlas hay que quitarles el zapato, la cáscara más dura del grano. En cuanto a los ingredientes, se pueden encontrar leves variantes, la más conocida es la del ajo tierno, pero también se hacen con culantro, con limón y como a cada cual le dé la gana, porque en la cocina sí que no hay reglas, sino que todo está abierto a los gustos y preferencias de cada cual. Nosotros vamos a daros una receta que consideramos la más popular y tabernaria, la más sencilla también, y ello a pesar de que en los últimos tiempos el añadirle ajos tiernos y limón se ha extendido una barbaridad. 

La foto muestra el resultado final, así es como deberían quedar

Habas enzapatás
ingredientes: 
habas, sal, poleo y yerbabuena
elaboración:
1.- Desgranamos las habas. Si realizamos un movimiento de torsión en el centro de la vaina, salen los granos con más facilidad.
2.- En el fondo de la olla pondremos el poleo y la hierbabuena. Normalmente más poleo que hierbabuena.
3.- Sal, bastante sal, pero sin pasarse, que tampoco es que vayamos a hacer una salmuera. Daros cuenta de que nos vamos a comer el interior del grano, luego la sal debe llegar hasta ahí. 
4.- Volcamos los granos en la olla y cubrimos con agua.
5.- Lo mejor es ir viendo cómo va la cocción, pero a fuego vivo enseguida empezaremos a oler. El aroma avisa, pero también la textura se puede ver, comprobando que queden enteras. 
6.- A la fuente con los granos solamente, una vez quitados el poleo y la hierbabuena.